¿Y si miro más allá del desorden?.

Publicado en por La bea

¿Y si miro más allá del desorden?.

Ayer cuando llegué a mi casa casi vuelvo a irme de nuevo. ¿Porqué?. Porque los juguetes nos habían invadido, convirtiendo la casa en una campo de minas "anti pies descalzos", la compra, aún sin colocar, formaba una fortificación en la cocina, la ropa que estaba fuera del armario se había sublevado y los pelos de perro despistados, que se resistieron a desaparecer, incluso, después de haber pasado la escoba aspiradora antes de irme, no ayudaban mucho a mejorar la situación.

Si hubiera sido un dibujo animado me habría salido humo por las orejas... pero como no lo soy, me puse en plan la "Teniente O'neil", dando ordenes como una loca. En dos minutos los peques ordenaban sus juguetes y los adultos intentamos que para vestirnos no tuviéramos que perecer sepultados por una montaña de ropa, donde lo que te quieres poner ocupa la base de la pirámide, y que para coger los ingredientes necesarios para preparar la comida hubiera, tan solo, que abrir un cajón en vez de rebuscar entre las bolsas de la compra y ya que estábamos pasamos, de nuevo la escoba aspiradora para que esos pelos de perros despistados ,que pude encontrar, no se unieran entre ellos e hicieran que mi casa pareciera el oeste. 

Una vez todo recogido, los peques cenados, duchados y acostados me desplomé en el sofá, cerré los ojos y me imaginé una casa perfectamente pulcra, reluciente y ordenada. Una casa donde no tenía que sacar, cada dos por tres, a pasear a mi escoba aspiradora, donde no iba tropezándome con algún juguete allí donde fuera... y entonces miré más allá del desorden y aunque no me creáis, no me gustó lo que vi. ¿Porque?. Porque en esa casa perfectamente pulcra nadie venía a recibirme, corriendo, cuando llegaba de la calle con un alegre:

-¡¡¡Mamá!!!.

Mis peques cuando llego a casa me reciben con una metralleta de besos hasta que me duele la cara, a la vez que sus pequeñas manitas me rodean el cuello, con una fuerza tal, que tira de mí hacía abajo, instándome a ponerme a su altura, y diciéndome en ese dialecto suyo propio que me han echado de menos... aunque luego, cuando miró más allá de sus hombros, pregunte:

-¿Pero que ha pasado aquí?.

En esa casa perfectamente pulcra tampoco hay un corpulento muro de pelo canela que no me deja andar. 

Mi perra cuando llego a casa me recibe como si hubiera estado un mes fuera. Quiere que la acaricie y no me deja andar hasta que no salde mi deuda de cariño... aunque luego me pase el rollo quita pelos.

En esa casa perfectamente pulcra cuando caigo desplomada en el sofá no me traen una copa de vino tan fresquito que caen las gotas en la mesa de cristal dejando un cerco redondeado porque no tiene un puesto un posa vaso... aunque luego pase la bayeta.

En esa casa de perfectamente pulcra cuando me siento en el sofá no me clavaría un juguete en le culo. Tampoco una de las frases más dichas por mi sería:

 - Un día de estos me romperé los dientes.

Al tropezarme por vez numero mil con un juguete.

Seguramente en esa casa perfectamente pulcra, también habría mucho silencio, dudo que si está tan perfectamente pulcra haya peques. A esos a los escuchas jugar poniendo distintas voces, aunque estés haciendo otras cosas, y su eco te acompaña allí donde estés.

Está claro que ésta vida está llena de matices, llena de ying y de yang, llena de cosas malas y de cosas buenas implícitas las unas en las otras. Estoy aprendiendo a aceptar esas cosas "malas", como el desorden, que a diario me traen "las cosas buenas de mi vida" porque después de todo me hacen sonreír a diario aunque no esté con ellos, cuando abro un bolso y aparece algo con lo que no contaba, cuando me quito de la ropa un pelo canela despistado, cuando me pongo un pantalón y encuentro un juguete en el bolsillo.

Tengo que reconocer que hay casas que aunque tienen varios peques y mascotas se encuentran perfectamente pulcras y ordenadas pero eso implica usar todo el tiempo, que te deja la vida, en eso, porque para que una casa con peques y mascotas parezca que en ella no viven ni peques ni mascotas, hay que pasar todo el día a día limpiando y ordenando. Pues en las casas llena de gente no se para si uno no hace por parar y al final no se está con nadie.

Claro que aparte del día a día están los fines de semana... que deberían ser para descansar y pasar tiempo en familia ¿no?. Y aún diría más, deberían ser para que todos descansasen y pasaran tiempo en familia ¿no?. Pues yo lo viví de pequeña y espero que ya no suceda. Cuando llegaba el fin de semana, mi padre me llevaba al parque y mi madre se quedaba limpiando y arreglando la casa.

Yo me niego. Deberíamos ser un equipo. Todos para uno y uno para todos o todos ordenamos o todos nos vamos al parque.

Y hasta aquí mi post de hoy. Nos vemos pronto.  

 

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