Si me buscas me encuentras.

Publicado en por La bea

Dicen que dos no discuten si uno no quiere. ¿Pero que ocurre si uno de esos dos está en plan "toca pelotas"?. ¿Y si el otro de esos dos no tiene el día como para aguantar tonterías y mucho menos las tonterías de un desconocido?. 

Algo así me pasó hace un tiempo ya, en los juzgados de donde yo vivo.

Ésto me ocurrió cuando mi peque grande estaba recién nacido y había que inscribirlo en el registro civil.

Mi pareja llevaba dos semanas dando vuelta como un loco para intertar inscribirlo pero la mujer de los juzgados no hacía más que ponerle pegas diciédole que faltaba un papel distinto cada vez. Por fin parecía que estaba todo listo, solo faltaban nuestras firmas...

Teníamos que estar allí antes de la una... pero es dificil llegar a la hora cuando tienes un bebé recién nacido. Me harté de correr y logramos llegar por los pelos, era menos cuarto o algo así y nada más entrar la mujer, que se ovupaba de eso, me dice que vuelva otro día... y entonces ocurrió.

Una recién parida normal y corriente (traducción: alguien con las hormonas totalmente descontroladas) con su bebé acuesta porque no le queda otra opción (traduccion: ese alguien se encuentra con los pelos totalmente erizados. Como un gato cuando ve a un perro) y abrigado hasta los ojos porque encima ese día hacía muchísimo frío (traducción: ese alguien es como una granada a la que se la ha quitado el seguro. No sabes cuando va a explotar pero va a explotar) puede pasar a convertirse en la energúmena más peligrosa jamás vista "al oeste del río pecos" y al rededores. 

En realidad yo iba preparada para lo que pudiera surgir, porque por culpa de una mujer a la que ni siquiera conocía, mi pareja tenía un humor de perros. Así que cuando dicha mujer nada más verme me dijo que no me iba a inscribir al niño ese día. Exploté.

No recuerdo exactamente como fue la toda la historia. Así que la contaré según me vaya acordando. 

Recuerdo empezar diciéndole que después de todo lo que había corrido ella me tenía que a inscribir al niño. A lo que ella me responió que debía de haber llegado antes. Asi que intenté explicarle que con un bebé recién nacido a ver quién era capaz de llegar a un sitio a la hora. Y me contestó que lo que tenía que haber echo era dejar al niño con alguien. ¡Lo que me faltaba escuhar!

De todas formas los juzgados no cerraban a la una, sino a las dos pero ella se iba antes porque sino iba aperder el autobus y a partir de la una no cogía basicamente porque no le apetecía.  Al decirme eso no hizo más que darme más razones aún para no moverme de allí hasta que no me inscribiera al niño.

En la misma oficina pero en otra mesa cercana había un chico, el cual no abrió a boca en ningún momento... supongo, por si acaso.

Sí vino una chica de las oficinas de al lado a llamarme la artención, aunque en realidad no había ningún cliente más al que pudiera asustar con mis gritos.

Intente explicarle a esa chica, a gritos la verdad, que no había derecho a que alguién con un bebé recién nacido llegara a un sitio y nada más entrar le dijeran que se fuera y que volviese otro día. Al final la chica vió que no había argumento poisible para defender a su compañera y se fue. 

Recuerdo, también, que en un momento dado, la mujer que estaba muy indignada con mi comportamiento, me amenazó con llamar a la policía. De echo cogió el teléfono pensando eso me amendrantaría. El problema fue que no sabía con quién estaba hablando. Su amenaza no intimidó. Planté la palma de mi mano en su mesa y acercándome a ella todo lo que la mesa, que se interponía entre nosotras, me dejaba y mirándola fijamente alos ojos le dije (más bien le grité):

- ¨Venga llámala¨, ¨llámala¨.  

Después de unos segundos de silencio y de esa típica mirada eterna en plan duelo en "OK corral" entre la mujer y yo, acabó por colgar el teléfono. ¡Le falló el farol!.

Yo tenía bién claro que si, al final venía la policía, a mí me sacaban de allí en "pariguelas" con el carrito del niño como montera, pero no hizo falta.

Después de infinidad de gritos, ya casi me daba por vencida porque la mujer no hacía más que decirme que no me inscribía al niño, que me fuera a la capital. Esa era su intención desde el principio. Entonces llegó la cordura. Mi pareja, que haciendo de "poli bueno" le dijo a la mujer que si no hubiese sido más fácil haber inscribir al niño desde el pricipio pues ya le habría dado tiempo de sobra a coger el dichoso autobus. Al fin los nervios se calmaron y me incribió al niño, claro. 

Acabo de acordarme que en un momento dado de la acalorada discusión le llegué a decirle a la mujer :

- ¨Yo te llevo si hace falta...  pero tu me inscribes al niño¨.

Días después me enteré que la mujer estaba ahí por ser familiar de alguien y que ya tenía mil reclamaciones puestas.

Al decir ésto último me he acordado de otro fragmento de la discursión. La mujer me decía precisamente eso, que me fuese a ponerle una reclamación. A lo que yo le respondí, gritando, por supuesto:

- Yo no voy a ir a ningún sitio.. tú me inscribes al niño y punto.

Se ve que ese era su "modus operandi": ponerle pegas a la gente, las cansaba y ellos se iban a la capital a hacer todo ese papeleo y así ella podía irse a la hora que le apeteciera. Estrategía que por cierto le estaba dando resultado.

Menos mal que mi peque al ser tan bebé no se enteró de nada.

Bueno, hasta aquí mi no-reflexión de hoy. Nos vemos pronto.

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